Toros ensogados

EL TORO DE CUERDA O TORO ENSOGADO.

El toro de cuerda es un festejo taurino popular muy difundido en España, consistente en correr por las calles una o varias reses bravas (machos y hembras) atadas por los cuernos con una o dos sogas que sirven para dirigir las carreras de las reses y evitar cogidas de los que corren con los animales o contemplan el espectáculo. Su origen no está claramente definido, pero diversos documentos lo sitúan en la antigüedad, como refleja la Crónica Latina del siglo XII cuando habla de “la repetición en Castilla de una fiesta muy usada entre los romanos de orden semejante a correr vacas enmaromadas” (Conde de las Navas: La fiesta más nacional); otros documentos, como las Cantigas de Alfonso X “El Sabio” (Siglo XIII), los Fueros de Sobrarbe y Albarracín (siglos XII y XIII), diversas crónicas medievales y documentos de los siglos XVI, XVII y XVIII, demuestran la amplia difusión que esta modalidad taurina tenía por toda España. Se corrían toros ensogados por diferentes motivos y en distintas circunstancias: bodas (“El toro nupcial”), ordenación de sacerdotes, visitas de reyes y nobles, festividades religiosas en las que se llevaba un toro en la procesión (“El toro de San Marcos” en Extremadura), traslado de toros y vacas al matadero por parte de los carniceros de la localidad… Estos juegos con el toro no siempre contaron con el beneplácito de las autoridades civiles y religiosas. Muchas fueron las prohibiciones dictadas por reyes y papas, pero era tal el arraigo entre la población que las autoridades encargadas de su aplicación tuvieron que “hacer la vista gorda” con el fin de evitar problemas de orden público. Actualmente son en torno a un centenar las localidades que celebran festejos con toros de cuerda. De unos lugares a otros varían las denominaciones (toro ensogado, enmaromado, de sogas, sokamuturra, …), la forma de correrlos (con una o dos sogas), el número de animales empleados (normalmente uno, a excepción de Beas de Segura y Arroyo del Ojanco) y los adornos que se les colocan; pero todos ellos tienen un elemento común: la estrecha relación entre el hombre y el toro. Una relación en la que el animal se ha convertido en aliado del hombre, proporcionándole diversión y argumentos para desarrollar una amplia gama de manifestaciones culturales y artísticas que definen la personalidad y la idiosincrasia de las poblaciones que aún hoy conservan estos festejos, forjando una cultura popular que es necesario proteger y conservar.